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sábado, 26 de febrero de 2011

Huir y ahora

No quiero saber nada de ti, tu silencio me carcome los huesos y no puedo permanecer más en píe, tu frialdad me congela a tal punto que la sangre se detiene, esa daga que cruzó mi corazón ha desaparecido porque era de hielo y ha borrado la evidencia que es por culpa de tu silencio que muero, me desangro delante tuyo y no me miras ni siquiera por lástima ni siquiera con desprecio, me desvanezco frente a tus ojos y obviamente no me ves y menos te importa, ni siquiera gastas tiempo en decirme por qué. Porque yo siempre a tu lado estaré cual perro fiel en sus últimos días esperando que pases tu mano por mi cabeza diciéndome "alguna vez te amé" pero nada de eso pasará, seguiré aquí frío, sin rumbo, sin destino, porque eras el timón de mi barco el que ahora a la deriva contra los rocas se estrellará y ya has saltado la borda para salvar tu corazón y en ese preciso instante me desprendo de ti de tus recuerdos que eran lo único que creía podría conservar hasta mi muerte y después de ella para adornar mi entrada al infierno, porque en este mundo no me quedo ni un segundo más, cada segundo que pasa me desintegro y todo a mi alrededor permanece igual soy solamente el que muere a cada segundo. Ya vienen por mí, llévense todo porque alma no encontrarán jamás sólo soy un cuerpo desecho por la falta de tu amor, de tu palabra, de tu atención, de tus caricias, de tus recuerdos.

Amor no me dejes aquí, vuelve a mí

1 comentario:

Libelula dijo...

Amarga y triste es la indiferencia para un alma y un corazón enamorado.
Se pierde el rumbo, todo se siente muy oscuro.
Ojalá que el herido corazón siga encontrando en las pequeñas cosas de la vida la alegría vital para seguir latiendo.
Ojalá que ese amor vuelva a mirarle con ojos enamorados y que toda esta nube negra sea nada más que una tormenta efímera que se desvanezca en el aire como una mala pesadilla.